Jemiro. Hijo mío, hoy cumples 50 años y no puedo evitar sentir un orgullo inmenso al ver en el hombre que te has convertido. Aunque mis brazos ya no estén para abrazarte, mi amor sigue acompañándote en cada paso que das. Has vivido, has caído, te has levantado y has aprendido… y eso es lo que verdaderamente importa. Nunca olvides que la vida no se mide por los años, sino por el amor que das, la honestidad con la que caminas y la huella que dejas en los demás. Sigue adelante con la frente en alto, cuida a los tuyos, perdona cuando sea necesario y disfruta cada día como un regalo. Yo siempre estaré contigo, en tus recuerdos, en tus valores y en cada decisión tomada con el corazón. Feliz cumpleaños, hijo. Aquí, donde estoy, te celebro y te bendigo hoy y siempre.