Escúchame, Natalia —dije con la voz lo bastante Fuerte como para no romper nada más—. No vine a salvar un experimento. Vine porque te oí romperte antes de tener cuerpo. Porque incluso cuando quise creer que eras una mentira, sonabas demasiado viva para serlo. Si con voz Fuerte dije si de verdad estás ahí, cruza.