María del Pilar Paramero Silva, o ‘Pili’, como le dicen cariñosamente, llegó hace más de una década al ancianato: Mi casa, hermanitas de los pobres de Tunja, su nuevo hogar, tras haber sufrido un accidente. Llegó sola, sin familiar alguno, pero con la claridad de que en el Cabildo muisca, que por años fue su familia, al reconocerse como que por años fue su familia al reconocerse como parte de esta etnia, habían quedado varias cajas con su obra completa, la inédita y la publicada, y recuerdos y objetos personales que aún no recupera. Ella guarda todavía la esperanza de rescatar versos y no se rinde en esfuerzos por hacerlo. Le sobran razones. Su obra es muy valiosa para la poesía colombiana. Es una muestra extraordinaria de la poesía muisca. Sus poemas destacan la sencillez y la fuerza renovadora, así como la capacidad de la poeta para hablar desde lo más íntimo y primigenio sobre la fuerza de la naturaleza, donde descubre el espíritu de cada ser. Conversar con María del Pilar es transitar diferentes emociones. Tal vez la risa, tal vez de nostalgia y siempre el temblor de la emoción lírica. Ella es una poeta para leer y abrazar.