Hay cosas que, aunque te rompas por dentro, no cambiarán. Puedes gritar, llorar, resistirte… y aun así, seguirán sucediendo. El mundo no se detiene porque tú no estés listo. La vida no pregunta si puedes soportarla. Simplemente viene. Y ese instante en el que todo escapa de tus manos, no es una derrota... es el umbral. Porque ahí comienza el poder de aceptar lo que no puedes controlar.