Hermanos queridos, los extraño con todo mi corazón. No hay un solo instante en que no piense en ustedes, en nuestras risas, en las conversaciones largas y en esos abrazos que llenaban el alma. Quiero que sepan que estoy bien, que estoy junto a mamá y con la familia que me ha recibido con amor infinito. Ella siempre me habla de ustedes, me dice cuánto los ama, cuánto los extraña y cómo los protege cada día. Desde aquí arriba los veo, los acompaño y les envío fuerzas cuando sienten que el camino se pone difícil. No están solos, nunca lo han estado. Mi amor sigue vivo en cada recuerdo, en cada fotografía y en cada palabra que compartimos. A mis sobrinos, que son como mis hijos, les mando caricias al viento, besos llenos de luz y bendiciones eternas. Crezcan felices, unidos y con el corazón noble. Y a ti, mi viejito hermoso, mi papito querido, no dudes jamás de mi presencia. Desde acá te cuido, te protejo y te abrazo en silencio cuando más lo necesitas. Los amaré por siempre. Aunque mis ojos ya no puedan verlos, mi alma siempre caminará a su lado.