Farid

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@Daycita MJ
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Hay personas que llegan a tu vida… y sin hacer demasiado ruido logran cambiar la forma en la que entiendes el amor. Day había escuchado muchísimas veces esa frase de “amor a primera vista”. La había escuchado en canciones, en películas, en historias de otras personas… pero para ella nunca había tenido demasiado sentido. Hasta el 2025. Un día cualquiera de septiembre, mientras caminaba como cualquier otro día, un grupo de chicos de sexto semestre pasó frente a ella. Entre todos ellos había uno que, sin siquiera intentarlo, resaltaba más que los demás. Tal vez eran sus ojitos cafés, pequeños pero brillantes, de esos que parecen guardar mil historias detrás. O tal vez eran sus lentes, esos lentes que no escondían su mirada, sino que parecían enmarcarla perfectamente. Como si hubieran sido hechos exactamente para esos ojos. Era alto, delgadito… pero lo que realmente atrapó a Day no fue solo cómo se veía. Fue su forma de ser. Porque Giovanni tenía algo muy particular. Giovanni hablaba muchísimo. Pero no hablaba por hablar. Giovanni hablaba contando historias, recordando anécdotas, riéndose a la mitad de lo que decía, moviendo las manos mientras explicaba algo que para él era emocionante. Siempre tenía algo que decir. Algo curioso. Algo gracioso. Algo inesperado. Y lo más curioso de todo… es que a Day le encantaba escucharlo. Le encantaba escuchar cómo contaba las cosas, cómo cambiaba su tono de voz cuando algo le emocionaba, cómo a veces se acomodaba los lentes mientras hablaba sin darse cuenta. De hecho, muchas veces ella misma se limitaba a hablar. No porque no tuviera nada que decir. Sino porque escuchar a Giovanni… se sentía demasiado bonito como para interrumpirlo. Y si la vida tuviera ese tipo de soundtrack que aparece en las películas justo en el momento indicado… Day está segura de algo. La primera vez que lo vio haciendo esas pequeñas tonterías tan propias de él, riéndose con sus amigos, hablando sin parar, acomodándose los lentes con esa naturalidad que tenía… en su mente habría empezado a sonar una canción. “Loco (tu forma de ser)”. Porque algo en Giovanni tenía exactamente esa energía. Esa mezcla de espontaneidad, ternura y una pequeña locura bonita que simplemente hacía imposible no sonreír al verlo. En ese momento ni siquiera sabía su nombre. Pero desde ese instante, ese chiquillo de ojitos cafés detrás de esos lentes se quedó viviendo en la mente de Day. Con el paso de los días finalmente supo su nombre. Giovanni. Lo que Day no sabía… era que estaba conociendo a su perdición más grande. Los días comenzaron a pasar y el sentimiento de Day hacia Giovanni crecía cada vez más. Cada vez que lo veía, su día se alegraba muchísimo. Pero había un problema. No podía hablarle. No porque no quisiera… sino porque simplemente no podía. Cada vez que lo veía aparecían mil mariposas en su estómago. A veces se sentía como un pequeño dolor. Pero era un dolor bonito. De esos que no quieres dejar de sentir. Hasta que llegó diciembre. Y con diciembre llegó también una idea muy clara en la cabeza de Day: Si no le hablo este mes… probablemente nunca lo haga. Así que decidió hacerlo. Todo empezó con algo pequeño: seguirse mutuamente en redes. Después llegaron las notas llenas de indirectas que, para sorpresa de Day, Giovanni captó inmediatamente. Y entonces comenzaron a hablar. 11 de diciembre de 2025. El día en que intercambiaron su primer “holiss”. Puede parecer una palabra muy simple… pero para Day significaba muchísimo. Porque estaba hablando con el chico de los ojitos cafés y los lentes que tanto le gustaban. Y cuando comenzaron a conversar más, confirmó algo que ya sabía: Giovanni hablaba muchísimo. Y a ella le encantaba. Le encantaba escuchar todas esas historias graciosas que siempre tenía para contar. La manera en la que hablaba de cualquier cosa como si fuera lo más interesante del mundo. Y Day simplemente escuchaba. Porque había descubierto algo muy bonito: A veces el amor también se siente así… como querer quedarte escuchando a alguien para siempre. Hasta que llegó el momento del primer encuentro en persona. Day recuerda con muchísima emoción —y también con nostalgia— ese audio donde él se escuchaba súper nervioso intentando invitarla a salir. Su voz temblaba un poco… pero lo logró. Y así se planeó su primera salida. Ese día quedó guardado en el corazón de Day como uno de los recuerdos que más atesora. Porque fue el día del primer abrazo. Un abrazo lleno de nervios. Una conversación llena de historias. Y esos ojitos cafés detrás de sus lentes, mirándola mientras hablaba. Para Day, todo eso lo fue todo. Pero cometió un pequeño error que muchas personas cometen cuando creen que el tiempo está de su lado. No le dijo todo lo que sentía. Pensó que habría más tiempo. Porque Giovanni le hizo creer que sí lo habría. Le hizo creer que algo bonito iba a salir de ellos. Así que Day no se apresuró. Y ahora… a veces se arrepiente. Porque sabe que debió haberle confesado todo. No importaba si él correspondía o no. Solo quería que supiera que su forma de ser la había atrapado de una manera completamente irreal. Pero la vida tenía otros planes. Un viernes cualquiera, sin importarle demasiado, Giovanni decidió bloquearla y sacarla de su vida. Porque ahora otra niña formaba parte de la suya. Day no lo comprendió. Y le dolió tanto… que incluso así no logró odiarlo. Intentó entenderlo. Intentó compararse con aquella niña. Intentó encontrar respuestas. Pero al final entendió algo muy difícil: A veces el amor no se trata de quién es mejor. Simplemente se trata de quién llega en el momento correcto. Han pasado 12 semanas desde que esos hermosos ojitos cafés detrás de esos lentes dejaron de mirarla. Y aunque el tiempo sigue avanzando… Day todavía no ha podido olvidarlo. Se siente impotente por no saber cómo seguir adelante. Lo extraña cada día. Cada hora. Atesorando esa pequeña semana en la que pudo tenerlo en su vida. Deseando haberlo abrazado un poco más. Deseando haber escuchado para siempre todas esas historias graciosas que él siempre tenía para contar. Day todavía lo ama. Con toda su alma. Pero ya no lo espera. Porque sabe que él es feliz con ella. Y a Day solo le queda aceptar algo muy difícil: Aceptar que esos ojitos… probablemente jamás volverán a mirarla. Pero también entender algo muy bonito. Que no importa cuánto tiempo pase… Giovanni siempre será su más grande amor… y su nostalgia más bonita. Recordando todo lo que nunca fueron. Pero tal vez… solo tal vez… en otra vida las cosas fueron distintas Pero hay algo curioso con los amores que llegan así. Los que duran poco… pero se sienten enormes. Son esos amores que no siempre están destinados a quedarse, pero sí a enseñarte que tu corazón sí era capaz de sentir algo tan grande. Porque Giovanni tal vez nunca supo todo lo que significó para Day. Tal vez nunca supo que hubo una persona que se quedaba en silencio solo para escucharlo hablar. Que se aprendió el brillo de sus ojitos cafés detrás de esos lentes. Que sonreía cada vez que hacía esas pequeñas tonterías que lo hacían tan él. Tal vez nunca lo supo. Pero eso no cambia nada. Porque hay amores que no necesitan ser eternos para ser reales. Y aunque el tiempo siga pasando, aunque la vida los lleve por caminos distintos… en algún lugar del corazón de Day siempre vivirá ese recuerdo: el chico de los lentes, de los ojos cafés, que hablaba sin parar… y que, sin darse cuenta, le enseñó lo que realmente significaba el amor a primera vista

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