Hola Hijos, nietos, bisnietos y toda mi familia, no lloren por mí, porque nunca me he ido de sus vidas. Estoy en cada abrazo que se dan, en cada reunión familiar, en cada sonrisa de mis hijos y nietos, y en cada recuerdo que guardan con amor en su corazón. Los veo crecer, los acompaño en silencio y le pido a Dios que los proteja y los bendiga cada día. Cuando sientan mi ausencia, miren al cielo y recuerden que el amor verdadero nunca muere; solo cambia de lugar para seguir cuidando a quienes ama. Gracias por recordarme con tanto cariño, por mantener unida a nuestra familia y por llevar conmigo lo más valioso que les pude dejar: el amor. No es un adiós, es un hasta que nos volvamos a encontrar. Los amo hoy, mañana y por toda la eternidad.