mariana
von Mariana Vargas PadillaHay historias que nacen del silencio…
Del murmullo del agua, del suspiro de las montañas, del llanto invisible de la tierra.
Y hay momentos en que ese silencio se vuelve grito.
Este es el detrás de cámaras de “Grito de la Tierra: un llamado a la justicia ambiental en Puerto Boyacá”.
Una historia contada no solo con cámaras, sino con el alma.
Desde las aulas de la Institución Educativa San Pedro Claver, un grupo de jóvenes decidió escuchar ese grito.
Somos el club audiovisual Voces en Movimiento…
Y lo que empezó como un proyecto escolar, pronto se convirtió en una causa, en un acto de amor profundo por nuestra tierra.
Cada paso, cada reunión, cada idea compartida, fue sembrando una semilla.
Nos preguntamos:
¿Y si el territorio pudiera hablar, qué nos diría?
¿Y si el agua pudiera llorar, quién la escucharía?
Nos organizamos como equipo, aprendimos a ver distinto. A encender la cámara no solo para grabar, sino para comprender.
Salimos a caminar el territorio… y fue él quien nos transformó.
En la Serranía de las Quinchas respiramos vida.
En la quebrada La Cristalina vimos cómo el agua, aunque herida, aún resiste.
El río Magdalena nos habló de abandono… pero también de dignidad.
Y en la Laguna de Palagua, sentimos que el alma del territorio aún late con fuerza.
Cada salida fue una lección.
Cada entrevista, un testimonio que nos tocó el corazón.
Cada imagen capturada, una promesa de no quedarnos callados.
Fuimos testigos de la belleza… y del daño.
Comprendimos que la justicia ambiental no es una consigna: es una necesidad urgente.
Y que los jóvenes no podemos seguir al margen de las decisiones que afectan nuestro futuro.
No se puede hablar de desarrollo sin hablar de cuidado.
No se puede hablar de progreso si se sacrifica la vida.
Por eso, este cortodocumental es también un llamado a apostar por un turismo sostenible, que proteja y valore lo que tenemos.
Un llamado a la justicia hídrica, a que nuestros ríos, quebradas y lagunas no sigan pagando el precio de un modelo económico que los ignora.
Y sobre todo, un llamado a incluir a la juventud en las políticas ambientales, a reconocer que nuestras voces no son pequeñas, sino urgentes.
Pero no quisimos quedarnos solo en la denuncia.
Actuamos.
Hicimos reciclatones, videos de concientización, siembra de árboles.
Porque entendimos que cambiar el mundo empieza con pequeños actos de amor al lugar que habitamos.
“Grito de la Tierra” no es solo un documental.
Es un abrazo al territorio.
Una carta de amor y de alerta.
Un gesto de esperanza en medio de la crisis.
Y este detrás de cámaras… es una memoria viva de todo lo que fuimos capaces de construir juntos.
Como jóvenes, como estudiantes, como hijos e hijas de esta tierra que clama.
Porque cuando la tierra grita…
no podemos quedarnos en silencio.
(Pausa emotiva. Música se eleva con sonidos de agua, viento y voces de fondo diciendo “sí se puede”, “la tierra vive”, “la voz es nuestra”)
FIN.