olvidados. Su canal de documentales urbanos tenía miles de seguidores, pero él buscaba algo más: una verdad que nadie pudiera negar. Eñi, por su parte, era una exenfermera militar con un pasado oscuro. Había trabajado en uno de los primeros laboratorios que estudiaron los efectos del brote de San Lázaro, pero no se le permitió hablar. Había visto algo... y estaba decidida a enfrentarlo.
Entraron al pueblo al atardecer. La niebla cayó tras ellos como si el pueblo respirara. No tardaron en notar que los relojes se detenían, las brújulas giraban sin sentido, y el silencio estaba demasiado vivo.
Las casas estaban vacías, pero no abandonadas. Los platos seguían sobre las mesas, la ropa tendida, y los juguetes en el suelo. Todo parecía congelado en el tiempo. Y sin embargo, algo los observaba desde las sombras. No eran simples zombis. Eran ecos de personas. Repetían nombres. Imitaban recuerdos. Caminaban por costumbre, como si una voluntad los moviera… no la suya
El laboratorio abandonado guardaba secretos inimaginables. María, con su experiencia en investigación paranormal, sabía que algo no cuadraba. Las cámaras grababan movimientos inexplicables en el sótano, pero cuando bajamos... ¡Espera! ¿Escuchaste eso?