Un nuevo día… y toca entrenar. Salgo de casa, agarro las llaves y me preparo para arrancar el día con energía. Siempre me pasa lo mismo: justo cuando estoy saliendo pienso… ¿cerré bien la puerta? Pero bueno, ya vamos tarde, así que toca confiar en la memoria. Moto encendida, viento en la cara, y esa sensación de libertad que siempre te recuerda que los pequeños detalles son los que hacen la diferencia. A veces pienso que ir al gym es más que entrenar… es ese momento del día donde pones la mente en blanco y simplemente te enfocas en ti. Llegando al gimnasio, como siempre, lo primero es saludar. Porque al final, entrenar no es solo levantar pesas… también es conectar con la gente, compartir una sonrisa y hacer de la rutina algo más llevadero. Hoy no grabé la rutina… me quedé sin batería en las gafas, cosas que pasan. Y la verdad, está bien recordarse que no todo tiene que quedar grabado para ser real. Lo importante es estar presente, disfrutar el momento, y sí, sudar un poco también. Mientras tanto, pienso… ¿cuántas veces dejamos las cosas para después? Siempre esperando el lunes, o el próximo mes, o “cuando tenga tiempo”. Y al final, la vida es ahora. Así que… entrenamiento hecho. Otra pequeña victoria del día. Nos vemos en el próximo entreno, y recuerda: aunque se acabe la batería, lo que importa es seguir adelante.