Geo
von Geoffray Gonzalez
Hola, soy Geoffray Gonzalez y estudio Ingeniería en Sistemas. Como persona y como estudiante, mi meta es llegar a ser alguien independiente, responsable, y capaz de enfrentar los retos de la vida profesional. Este taller fue parte de ese camino. Al principio no sabía bien qué esperar, pero terminé sorprendiéndome con todo lo que aprendí y viví.
No te voy a mentir, al inicio del taller me sentía fuera de lugar. Era algo nuevo, con compañeros que no conocía y dinámicas que me parecían raras. Pero a veces, salir de la zona de confort es lo mejor que te puede pasar. Poco a poco, el ambiente se fue sintiendo más ligero, más natural… y entonces, empezó lo bueno.
Una de las cosas que más influyó fue la conexión que tuvimos con la maestra. Siempre fue clara, amable, y supo guiarnos sin hacernos sentir presionados. Nos dio confianza, y eso hizo que todo fluyera. Cuando un docente conecta contigo, se nota, y se agradece muchísimo.
Otra sorpresa fue la gente. Este taller me dio la oportunidad de conocer compañeros y compañeras con los que nunca había hablado, y con quienes terminé haciendo buen equipo. En pocos días, se formó un grupo muy unido. Compartimos ideas, risas y hasta estrés… pero juntos se volvió más llevadero.
Entre las primeras estrategias que aprendimos estaban el resumen y la síntesis. Al principio parecen lo mismo, pero no lo son. Aprendí a identificar ideas clave, a organizar la información y a expresar lo esencial. Y eso me ayudó bastante a estudiar de forma más clara y directa.
Después trabajamos con mapas conceptuales, cuadros comparativos y sinópticos. Fue interesante ver cómo todo se puede visualizar de una forma más ordenada. Yo que soy visual, encontré muy útiles estas herramientas. Me ayudaron a entender relaciones entre conceptos de forma más lógica.
Me gustó mucho hacer infografías. Mezclar imágenes, colores e información importante en una sola hoja es algo que me ayuda a aprender mejor. No solo aprendes haciendo, sino que también te diviertes diseñando. Sentí que por fin estudiar podía ser algo más creativo y no solo memorizar.
Las estrategias del PNI y el SQA me enseñaron a pensar con más profundidad. Analizar lo positivo, negativo e interesante de un tema te obliga a ver todos los ángulos. Y con el SQA, reflexionas: ¿Qué sé?, ¿qué quiero saber?, ¿qué aprendí? Así entendí que aprender también es cuestionarse.
Cuando tocó hacer hipertextos y ensayos, el reto fue más reflexivo. Aprendí a conectar ideas, a justificar mis opiniones y a escribir con intención. El ensayo me enseñó a desarrollar mi pensamiento, a dar estructura a lo que pienso. Fue más difícil, pero también más personal.
La actividad que más me gustó fue la de los refranes. Me divertí inventando uno, dándole sentido y forma. Usar el lenguaje con creatividad me hizo reír, pero también me hizo pensar. Fue una de esas actividades donde uno aprende sin darse cuenta. Se volvió mi favorita sin duda.
En el cómic y el pictograma, me lucí. Ahí fue donde descubrí que soy un artista oculto. Me metí en el papel, dibujé, creé personajes, escenas… y todo eso me ayudó a expresar ideas complejas de forma muy simple. Fue de las actividades que más disfruté por lo visual y lo creativo.
Lo más difícil de todo el taller no fue el contenido… fue entregar todas las tareas a tiempo. La flojera me ganaba a veces, no lo niego. Pero con esfuerzo y presión positiva, lo logré. Cumplir con cada entrega fue una batalla diaria, pero valió la pena al final.
Gracias al taller descubrí cosas de mí que no había notado. Me di cuenta de que puedo organizarme mejor si uso estrategias adecuadas. Que no soy flojo, solo que no siempre tenía método. Y que cuando me esfuerzo de verdad, puedo lograr más de lo que creo.
Otra parte importante fue el trabajo en equipo. Aprender a escuchar a los demás, a dividir tareas y a confiar en los compañeros fue clave. No todo se trata de hacerlo solo. Colaborar bien también es una estrategia de aprendizaje. Y eso lo vivimos aquí.
La verdad es que sí aprendimos… pero también nos divertimos. Las actividades no eran aburridas, había dinámicas que nos hacían reír, compartir, movernos. Esa combinación de aprender y pasarla bien fue lo que hizo que el taller se sintiera ligero y efectivo a la vez.
Y cómo olvidar la famosa anécdota de la fuente. Fue de los momentos más divertidos. Se inundó el lugar y parecía que la fuente estaba llena, pero en realidad lo que rebosaba era el desagüe. Fue tan inesperado que se me quedó grabado. Risa, confusión y sorpresa… todo en uno.
Me tocó un grupo increíble. Personas con las que pude conectar, reír, aprender. Cada quien aportó algo diferente. Hubo apoyo mutuo y buena vibra. Y eso, en cualquier taller o curso, hace una gran diferencia. Estoy agradecido por haber coincidido con ellos.
Mi verdadero aprendizaje fue más allá de las estrategias. Aprendí a conocerme, a organizar mis ideas, a buscar soluciones. Aprendí que todo se puede aprender si tienes las herramientas adecuadas. Y eso me lo llevo como parte de mi crecimiento como estudiante y como persona.
Sé que estas estrategias no se quedan en este taller. Me van a servir en mi carrera, en mis estudios futuros, y hasta en el trabajo. Saber resumir, organizar, analizar y comunicar… son habilidades que aplican en todo. Esto no fue una clase más, fue un entrenamiento para la vida.
Solo me queda decir que me la pasé chido. Que ojalá todos quedemos en la universidad, porque cada uno tiene lo suyo y todos lo merecen. Fue un taller donde aprendimos, nos reímos y crecimos. Gracias por compartir esta experiencia conmigo. ¡Nos vemos pronto!