Respira profundo… inhala lento… exhala soltando el peso del día. Permite que tu cuerpo se relaje, porque no necesitas forzarte para avanzar. Solo necesitas claridad. Lleva tu atención a este momento. Aquí. Ahora. Observa que procrastinar no es pereza. Es cansancio, es miedo, es saturación. Y todo eso puede soltarse. Imagina frente a ti la tarea que has estado evitando. No es grande. No es abrumadora. Es solo un primer paso pequeño. Mírala sin juicio. No te exige perfección. Solo presencia. Siente cómo tu mente se vuelve más clara. Más enfocada. Más tranquila. Repite internamente, dejando que las palabras hagan su trabajo: Puedo empezar aunque no tenga ganas. Un pequeño paso es suficiente. La acción crea motivación. Confío en mi capacidad de avanzar. Hacerlo ahora me da calma después. Visualízate empezando. Solo cinco minutos. Sin presión. Sin expectativas. Siente la satisfacción de haber comenzado. No terminado. Solo comenzado. Tu energía vuelve cuando actúas. Tu confianza crece con cada paso. Quédate unos segundos con esa sensación de avance. De control. De decisión. Y cuando estés listo/a, respira profundo… abre los ojos… y da el primer paso ahora.
